¿Gordo y enfermo? Lo siento, te ha tocado, son tus genes

Y es que si aún piensas esto, o vas muy atrasado en conocimientos, o es la excusa que te pones para no tener que trabajar en tí.

Debes saber que a modo general, en nuestro genoma tenemos diferentes tipos de genes:

1. Genes que nos hacen humanos

Genes que son intocables. Son los que nos definen como especie humana y tardarían miles y miles de años en cambiar a través de la evolución.

Ejemplo: Por más que coma paja y viva en un establo, tardarán muchos miles de años para que mis descendientes se parezcan a un caballo.

Son el manual de fábrica que nos hace ser lo que somos.

2. Genes que responden lentamente

Existen otros genes que también cambian, pero lo hacen muy muy lentamente, a lo largo de generaciones y centenares de años de evolución.

Ejemplo: las adaptaciones a ciertos climas o alimentos (como la tolerancia a la lactosa en algunas poblaciones).

Otro ejemplo son los impulsos y reacciones biológicas determinadas por nuestro sexo; la forma en que hombres y mujeres responden hormonal y conductualmente a determinados estímulos está codificada genéticamente, y solo podría modificarse tras el paso de muchísimas generaciones.

Estos genes forman parte de nuestra biología profunda y no los puedes modificar en tu vida diaria.

3. Genes modulables: aqui sí tienes poder.

Hay genes que sí responden a tu estilo de vida y que puedes influir cada día para adaptarte al entorno.

Ejemplo: Genes que regulan la inflamación.

Genes que controlan cómo usas la energía (grasas, azúcares).

Genes que influyen en cómo manejas el estrés.

Genes ligados al envejecimiento y la longevidad.

Y aquí está lo más importante: estos genes modulables son los responsables de la gran mayoría de la sintomatología moderna y de las enfermedades metabólicas que dominan el mundo actual (obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión, síndrome metabólico, depresión inflamatoria, fatiga crónica…).

Son los genes que, si no los cuidamos, se expresan en forma de enfermedad, pero que, si aprendemos a gestionarlos, se convierten en nuestra mejor herramienta de prevención y salud.

Por lo tanto, tus genes no son una condena.
La genética reparte las cartas, pero tú decides cómo jugarlas. Lo que haces cada día puede activar lo mejor de tu ADN y ayudarte a construir salud, energía y longevidad.

Si quieres aprender a silenciar los genes que favorecen la enfermedad y activar los que potencian salud y energía, escríbeme y diseñamos juntos un plan para ti.

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