
La melanina es conocida por dar color a la piel, al pelo y a los ojos. También es la responsable del bronceado.
Pero su función no es solo estética.
La melanina además de proteger la piel frente un exceso de la radiación solar, puede actuar como defensa frente al daño celular en otras partes de tu organismo.
Encontramos esta molécula en muchas otras zonas del interior del cuerpo, como por ejemplo; la cóclea del oído interno o la parte del cerebro llamada sustancia negra.
Si estás zonas pierden este color aparecen enfermedades como el Parkinson en el cerebro, o los desagradables síntomas agrupados con el nombre de Tinnitus en el oído.
La melanina puede absorber parte de la radiación solar, ayudar a neutralizar determinadas sustancias dañinas, unirse a algunos metales y proteger tejidos frente al estrés oxidativo.
En este sentido, puede compararse con la melatonina, ya que ambas poseen propiedades antioxidantes, aunque actúan de formas diferentes.
La hipótesis defendida por el neurocirujano Dr. Jack Kruse va más allá. Según su planteamiento, la melanina podría formar parte de un sistema de protección capaz de actuar allí donde el organismo necesita controlar el daño oxidativo.
Desde esta visión, tener una mayor cantidad de melanina en la piel podría favorecer ciertos procesos de protección y reparación en otras zonas del cuerpo.
La idea final sería esta: estar moreno podría ser una señal de una mayor producción de melanina y, según la hipótesis de Jack Kruse, esto aportaría beneficios más allá de la piel.
El objetivo, como siempre comentamos, no debe ser quemarse… no hace falta. Tampoco obsesionarse por un bronceado intenso. Es de mantener una exposición constante todo el año, progresiva y adaptada a cada persona. Con la finalidad de estar todo lo moreno que tu condición y tu entorno te permita y así, proporcionar salud en tu interior.
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