No tienes que comer porque lo diga tu reloj

Durante años nos han repetido que había que comer varias veces al día: desayuno, media mañana, comida, merienda y cena. Después llegó lo contrario: ayunar, saltarse comidas, retrasar el desayuno y mirar el reloj como si la salud dependiera de cumplir unas horas exactas de no comer.

Y aquí está el problema: hemos pasado de una rigidez a otra.

Antes la obligación era comer cada tres horas.

Ahora, para muchos, la obligación es ayunar aunque tengan ansiedad y hambre.

Pero el cuerpo humano funciona bajo flexibilidad, contexto y coherencia.

El Homo sapiens aparece hace aproximadamente 300.000 años y no existía disponibilidad constante de comida.

Algunos días habría más comida, otros menos. El cuerpo humano tuvo que adaptarse, está adaptado a la flexibilidad alimentaria.

No pasa nada por no comer siempre a la misma hora o saltarte una comida de forma puntual.

Hay personas que se levantan sin hambre, pero desayunan porque “hay que desayunar”.

Y muchas cenan tarde, rápido y sin apetito porque sienten que tienen que cumplir con esa hora de comer.

Esto no significa que haya que saltarse comidas de forma compulsiva (de hecho, lo ideal sería seguir un patrón guiado por la luz solar). Per si se trata de recuperar criterio y la coherencia que la evolución nos ha dado.

El ayuno es sin duda una herramienta indiscutible a día para equilibrar los procesos metabólicos.

Pero si estás mirando el reloj con ansiedad esperando que se cumplan las 16 horas, es que algo no va bien.

Flexibilizar la alimentación no significa comer cualquier cosa, a cualquier hora y sin estructura.

Significa no vivir esclavo de ella.

Una persona sana debería poder desayunar si tiene hambre, pero también no desayunar si ese día concreto no la tiene.

Y otra cosa que señalar, no a todos nos sirve el “Escucha tu cuerpo”.

Hay personas que tienen señales de hambre por alteraciones de estrés, por falta de sueño, ansiedad, mala alimentación, restricción crónica, aburrimiento o exceso de ultraprocesados.

Por eso no solo hay que escuchar al cuerpo.

La flexibilidad debe ir acompañada de conciencia, de educación.

Conclusión

No necesitas vivir atrapado en horarios rígidos.

Tampoco necesitas seguir la moda del ayuno como si fuera una ley universal.

Come cuando tenga sentido comer. No comas cuando no lo tenga.

Y deja de convertir la alimentación en una religión. Deja de ser un talibán de los modelos de comer.

Busca tu salud alimentaria en la flexibilidad.

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