
No existe organismo sano que no entrene. Esta máxima del Fitness la sabías ¿a que sí? pues al lío, a entrenar mucho si quieres mantenerte joven, fuerte, y saludable. Pero…¿Cuánto entrenar? ¿Cuánto más, mejor? ¿Uso la rutina que hice con 20 años que me puso tan fuerte? ¿Hago el entrenamiento de la modelo con cuerpazo que inunda Instagram?
Pues siento ser el mensajero de otras premisas que también se aplican en este Sector; «Más no es mejor» o, «En la dosis está el veneno».
Y…¿por qué? Si entrenar es bueno ¿no? Pues no, el entrenamiento no es bueno. El entrenamiento es un estresor, un elemento que altera nuestro estado de tranquilidad, TU equilibrio, que es lo que tu organismo busca, mantenerte tranquilo, estable y cómodo.
Entonces…¿Para que vale entrenar? Lo beneficioso del entrenamiento son las adaptaciones que hace tu organismo para hacer frente a este estresor.
Debe haber un equilibrio entre mis entrenamientos y el estilo de vida que llevo. El organismo será capaz así de compensar este estrés y producir las adaptaciones positivas que busco. De lo contrario, no se adaptará y en lugar de estar más fuerte y sano, podrá ser el motivo de sintomatologías como el envejecimiento prematuro, lesiones recurrentes, infecciones e incluso enfermar.
Y entonces…¿Cuánto entreno? No existe una receta universal para todo el mundo, ya que hay que analizar el estilo de vida personal, la edad, hábitos, dolencias, emociones… y apoyar con nutrientes esenciales y descanso obligatorio.
El objetivo es ir consiguiendo la DME (la dosis mínima efectiva). Ésta que nos proporcionará los innumerables beneficios que la actividad física tiene, sin los perjuicios que nos pudiera ocasionar una inadecuada respuesta adaptativa.
Mira como es tu día a día y sólo entonces planifica y estructura tus entrenamientos. Apóyalo con los nutrientes necesarios, realizando el descanso obligatorio y así obtener tu DEM.
