
Hoy os traemos una reflexión sobre dos aspectos que son determinantes para el aumento de la esperanza de vida y que no tratamos habitualmente como son la voluntad y el propósito de vida.
Ahora que eres un adulto productivo y con obligaciones familiares, no sueles prestar mucha importancia a estos factores por estar inmersos en nuestros quehaceres cotidianos. Pero se nos hace de obligada atención para con nuestros veteranos.
Seguro que conoces muchos ejemplos de esas personas que, mientras han tenido esa necesidad u obligación de levantarse por la mañana, han estado físicamente fuertes, cognitivamente capaces y psicológicamente estables. Pero, una vez finalizada esa necesidad u obligación, se han venido abajo e incluso fallecen poco tiempo después.
Bien, esto se debe a tener esta voluntad de vivir y a este propósito de vida. Al «ikigai» como lo llaman los japoneses. Es tan fuerte este faro que guía tu vida que te ayuda a lidiar con el estrés, a mantener tu sistema inmune activo, a ralentizar el declive cognitivo, a tener tu musculatura preparada… En fin, a vivir más y en mejor condición.
Y muchos de nosotros, pero en especial nuestros mayores, no serán capaces de ver cuál es su sentido de vida. Es aquí donde tenemos que entrar nosotros, sus allegados.
Y, ¿cómo lo hacemos? Bien, conocedores de todo lo descrito, si observas esta falta de propósito, te toca a ti generarles esa utilidad. Propón acciones cotidianas que, evidentemente eres capaz de realizar por ti mismo, pero se las ofreces generándoles esa sensación de que aún dependes de ellos, como cuando eras pequeño. No olvides que, tengas la edad que tengas, siempre te van a ver como sus niños.
El dicho «Cuando uno ayuda, dos se benefician» cobra todo el sentido aquí. Ayudemos a nuestros mayores a seguir teniendo «ikigai» y, con ello, poder vivir más y mejor.

